5 de octubre de 2021

Las oposiciones y los toros




"Las oposiciones son el más sangriento espectáculo nacional después de los toros

Una cita atribuida a Gregorio Marañón y Posadillo, médico internista, científico, historiador, escritor y pensador español, perteneciente a la generación de 1914. (1887- 1960) y un pensamiento que, ahora que estoy junto con mi equipo inmerso en la realización de pruebas masivas de una Oferta Pública de Empleo, ha venido reiteradamente mi mente. Este fin de semana, la convocatoria ha tenido su momento estelar, tal y como recogía la prensa local

La organización de tan gran evento, en un entorno Covid y con miles de aspirantes, se ha reconocido como un gran éxito. Ha sido también todo un espectáculo que ha paralizado la ciudad, interrumpido su actividad social y deportiva, dado material periodístico de portada a los diarios locales y ocasión de lucirse a nuestros representantes políticos.

No ha habido incidentes reseñables en ninguna de las 64 áreas de examen habilitadas en las 17 instalaciones polideportivas municipales que hemos tenido que acondicionar. La meteorología ha colaborado, no ha hecho frío ni calor extremo, no hemos sufrido goteras en las instalaciones. La caída de la mensajería instantánea que nos permitía estar conectados se pospuso al lunes evitando un desagradable colapso. En definitiva, un gran despliegue de recursos humanos, económicos, de medios e instalaciones que han hecho de la jornada, como ya he dicho, un éxito organizativo.

¿Y qué pasa con las miles de personas, mas de 6.000 convocadas en este caso?. Pasado el día D y a la vista de las autocorrecciones, cada una habrá realizado una valoración de su participación. De esas 6.000 expectativas, una gran mayoría se habrán convertido ya en frustraciones. Habrá quienes consideren que su esfuerzo no ha encontrado el resultado deseado, quienes se fustigarán por los errores cometidos y quienes buscarán en aspectos organizativos el origen de sus males. Cada persona que ha visto reducir o desaparecer sus expectativas desarrollará el duelo a su manera.

Pongámonos ahora en el lugar de quienes mas se la jugaban, las personas que ocupaban temporalmente esas plazas y que han organizado su vida profesional, social, personal y familiar primero en base a ese puesto que desempeñan temporalmente y, en los últimos meses condicionándo esta vida a las necesidades de preparación. En su mayoría llevan meses, años incluso, preparándose para este día. Han invertido mucho tiempo, esfuerzo y dinero. En ellas la presión y la tensión es patente, fácilmente reconocible.

Las oposiciones son tan "justas" como "sangrientas". El espectáculo de ver al colectivo opositor acceder a las instalaciones, concentrado, nervioso, preocupado, se parece al espectáculo de un circo romano.

Reflexiono y pienso que en el siglo XXI este sistema no es aceptable, como no lo sería el espectáculo de un circo romano.

No es intención de esta entrada reflexionar sobre si el sistema de oposiciones es eficaz o no - que no lo es -, si sirve para seleccionar a las personas mas competentes o no - que tampoco -, si se respetan los principios de igualdad, mérito y capacidad - que va a ser que no - o si atrae o ahuyenta al talento - que lo ahuyenta -.

Donde quiero llegar en esta entrada es a hacer visible ese punto sádico y cruel que tiene este sistema y que es especialmente visible en el momento de los exámenes.  Mas cruel, si cabe, en esos exámenes masivos en los que juntan en una misma instalación - no es este caso - y te ves como uno mas de los miles que sueñan con lo mismo. Te haces pequeño, insignificante y todos tus miedos y temores se hacen fuertes.

Hay que reconocer que las oposiciones tienen una gran aceptación social. Es de gran estima social eso de ser funcionario "por oposición". La oposición es el momento final en el que alguien, tras una larga y penosa travesía, alcanza la gloria, el cielo, el olimpo del empleo para toda la vida. 

Sacar una oposición te da ese caché social de persona lista, estudiosa, autocontrolada, sacrificada hasta el extremo. Una aceptación como en la que en su momento pudo tener un gladiador del circo romano. Pero ese reconocimiento también venía dado porque nadie mas quería estar en ese momento en la arena.

Tienen las oposiciones, no se me negará, una estética muy religiosa, judeo-cristiana en concreto. La gloria esta reservada exclusivamente a quienes la consiguen tras haber purgado con dolor sus pecados pero no siempre purgar los pecados llevará al éxito porque los designios del divino son inescrutables.

Las oposiciones son crueles porque la obtención de la plaza no depende en exclusiva del esfuerzo y competencia del opositor. Este es dueño solo de la parte de su esfuerzo y capacidad, pero el resultado final depende de otros factores que no controla, tales como el diseño de las pruebas, el número y competencia de las personas contra las que compite y el número de plazas que se ofertan. Como un gladiador antes de saltar a la arena, sin saber contra que bestia o humano va a luchar, solo puede estar seguro de dos cosas; de su preparación y de que pocos serán los que saldrán vivos y con honores.

Pero mientras, tu vida, tus sueños, tu tiempo, tu familia... ha estado condicionada por ello. Si consigues la deseada plaza es posible que des por bueno el sacrificio y que, además, exijas que cualquiera que también lo quiera, tenga que conseguirlo pasando por el mismo calvario. Quizás, en algún momento de debilidad, despotricaste del sistema, pero una vez ingresas en la curia, te vuelves curia y defenderás y perpetuarás el sistema.

¿Y si no lo consigues? ¿De qué te sirve conocer esos temas y reglamento administrativos? ¿Qué renta le sacas a ese esfuerzo?  En este siglo XXI, en una sociedad que presume de moderna, sobran espectáculos como este. Cada persona debe tener libertad para certificar o evaluar sus conocimientos y capacidades cuando lo considere (libertad de convocatoria)

Esta evaluación no puede ser específica para una oferta concreta, no debe morir en ella. Debe ser válida para cualquier oferta de empleo que exija esos conocimientos, competencias y habilidades. Evaluar personas para desecharlas, para quedarse con unas pocas y tirar al resto, es un acto que no debe permitirse. La evaluación debe tener una validez temporal, debe dar la opción de progresar en ella, de ser válida para todo puesto de cualquier administración que lo contemple en el diseño del puesto.

¿Se imagina tener que examinarse de conducción cada vez que quiere cambiar de coche?. ¿Se imagina tener que examinarse de inglés cada vez que quiere cambiar de trabajo? Pues así funcionan nuestras administraciones. El calificativo a esta forma de funcionar se lo dejo a usted.

1 comentario:

  1. Buenas noches, Juan Luis
    He leído tu post esta mañana y todavía ando tratando de digerir tu reflexión que, para mi, es demasiado real, teniendo en cuenta que mi vinculación con la Administracion en la que prestó servicios es la de Laboral indefinida no fija.
    No sé qué me deparará el futuro pero tampoco me preocupa. Me preocupa y ocupa el presente al que me dedico con todo el esmero que puedo y así seguiré haciendo en la Administracion donde actualmente estoy o en el lugar cualquiera en que me encuentre en ese futuro próximo (o lejano) que trae a demasiada gente de cabeza..
    Saludos y hasta pronto.
    Fini Torralba

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